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La ropa nos hace diferentes

Fecha: 2013-10-14

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niño inuit

La ropa nos hace diferentes

Eudald Carbonell y Robert Sala 

Los nudistas y naturistas, en contra de lo que se pueda pensar, lo que han hecho es recuperar el vestido, eso si, en su sentido mas básico y evolutivo

La ropa nos hace diferentes

La vestimenta nos hace diferentes de los animales pero también de nosotros mismos.

Cuantas veces no se han adoptado formas despectivas para categorizar el comportamiento de aquel que no va “convenientemente” vestido en alguna ocasión determinada. O bien para señalar que son inadecuadas las conductas nudistas y naturistas.

El vestido tiene un origen necesario para afrontar los duros climas que nos ha tocado vivir como genero. Vestirnos es una forma cultural y adaptativa principal por el hecho de que sin cubrirnos nos seria imposible sobrevivir en determinadas zonas climáticas de la tierra. Forma parte de las adquisiciones que nos facilitan la extensión como genero por todo el mundo, la supervivencia y el éxito evolutivo de nuestro genero. Un éxito que hasta el día de hoy no tiene comparación en la evolución.

Los orígenes del vestir debieron de ser muy modestos. En el nivel TD10 de la dolina de Atapuerca, nuestros colegas Joseph M. Vergès y Andréu Ollé han localizado objetos que, según presentan el desgaste que presentan, fueron usados en la preparación de pieles, en la elaboración del material base para una elaboración posterior de un vestido u otros bienes relacionados con una mejor adaptación al entorno. ¿Cómo era la indumentaria usada por las poblaciones de Homo Heidelbergensis a Atapuerca? Evidentemente, no tenemos una respuesta clara a esta pregunta.

Lo que si podemos decir es que tenia que estar hecha de pieles de bóvidos, cervidos o equidos, que eran animales preferentemente cazados. También sabemos que no se trataba de vestidos cosidos, ya que no se encuentran agujas ni objetos similares. En definitiva, debía de tratarse de un vestuario muy limitado pero que cumplía la función básica de proteger de los fríos inviernos de los llanos altos del interior de la península ibérica.

Donde no era necesario no usaron ropajes

La ropa es uno de los grandes inventos del ser humano para colonizar otros ecosistemas que no le eran propios, sin embargo hoy en día se ha convertido en una imposición social

Donde ni el clima, la cultura o la religión son hostiles con el cuerpo humano hasta hace muy poco tiempo se ha prescindido de la ropa salvo como ornamento en ocasiones especiales.

Sin embargo las sociedades que así vivían han sido colonizadas y contaminadas con nuestra aversión a la desnudez haciendo que esta desaparezca de aquellas comunidades que durante miles de años han prescindido de ropajes. Incluso hoy en día en algunos países en los que aun existen tribus donde la desnudez es norma son situados al mismo nivel jurídico que discapacitados psiquicos.

pareja de indios waoramis de ecuador

Pareja de waoramis de Ecuador

Desde entonces el vestido ha evolucionado mucho. No estamos capacitados para hablar de formas de distinción sexual o jerárquica entre nuestros antepasados históricos. Podríamos apuntarles, ya que hemos indicado tratos diferenciales entre los Neandertales. Pero ni los pintores del paleolítico superior nos han dejado imágenes de su apariencia. Pintaron numerosos animales, pero nunca representaron claramente la figura humana. Si ampliamos la vestimenta, incluyendo objetos de adorno como collares y atuendos para cubrir la cabeza. Como redes para el pelo, si que hay referencias en el registro arqueológico. Hay numerosas piezas de hueso y marfil perforadas por toda Europa que indican la existencia de collares y una sepultura Italiana de hace veinticinco mil años, en la que se describieron un numero muy grande de piezas perforadas que cubrían la cabeza del cadáver que hacen pensar en la existencia de una malla para el pelo. Todo esto nos permite proponer el nacimiento del uso del vestido para remarcar la diferenciación social.

Al final del periodo paleolítico si que hay imágenes humanas pintadas y gravadas que si parecen vestidas. Hay figuras de vestidos amplios y largos que, por tanto, han estado identificados como mujeres. Esta identificación, sin embargo, puede ser se haya hecho a partir de una realidad estética y social actual más que partir de un análisis detallado de una realidad pasada.

En las poblaciones neolíticas ya tenemos la expresión evidente de la jerarquía en la acumulación de bienes que incluyen objetos de vestir como los brazaletes, de manera que se amplia y se diversifica el comportamiento que hemos señalado para el paleolítico. A partir del neolítico se forman las grandes estructuras jerárquicas del Próximo Oriente, en las cuales la aristocracia controla la producción y la distribución de alimento y el territorio, usa el vestido como forma de distinción. En los murales egipcios se pueden distinguir sirvientes y señores tan solo por sus vestiduras. En la revolución francesa aparecieron los famosos sans-culots, una parte de la población de bajo rango; los cuales precisamente fueron los que se revolvieron contra el orden establecido y la jerarquía que los despreciaba refiriéndose despectivamente con el nombre del vestido que llevaban.

Ha sido muy común la diferenciación de culturas enteras por la manera de vestir, especialmente importante cuando han convivido en un territorio concreto y “ha hecho falta” distinguir a los miembros de cada una. Así todos podían –y pueden– identificar judíos, musulmanes y cristianos en la época medieval hispánica a través del vestido. Comportamientos atávicos similares aún se mantienen, y en las sociedades modernas los fundamentalistas siguen conservando las formas tradicionales.

tres alegres chicas en la orilla del mar

Si hay un lugar donde la ropa es especialmente innecesaria es la playa

En un campo que ya viene a ser folklórico pero igualmente significativo, siempre han estado muy apreciados los vestidos tradicionales de cada cultura, nación o región.

Con los vestidos también se muestran las músicas populares y las formas artísticas. Son muchos los festivales folklóricos que se producen alrededor del mundo en los cuales el vestido es un referente cultural.

La diferenciación social engloba tanto la forma de vestir como el material de que esta hecho. Las caravanas que durante toda la antigüedad y edad media trajeron vestidos suntuosos de Oriente constituyeron el gran negocio comercial que vino a dar paso, después, al mundo artesanal he industrial moderno. Se trataba de telas para señores occidentales que querían hacer ostentación de su poder mediante tejidos apropiados.

Además de la jerarquía, en las sociedades y culturas humanas el vestido denota sexo. A lo largo de toda la historia, las mujeres y los hombres hemos lucido vestidos y ornamentos diferenciales. En nuestra cultura esta diferenciación se marca desde el mismo nacimiento cuando a las niñas se les coloca pendientes para distinguirlas. Hoy, que estos comportamientos primitivos están en decadencia, nos equivocamos frecuentemente en la identificación de un recién nacido y siempre hay quien nos recuerda que si mantuviéramos las costumbres tradicionales eso no pasaría. Nosotros, descreídos, no conocemos exactamente la importancia de esta correcta identificación.

Son muchas otras las formas de comunicación del lenguaje ornamental. Así, podemos distinguir los casados o prometidos de los que, según se dice popularmente en Estados Unidos de América, “aún están en el mercado”. Los anillos en los dedos nos permiten enseguida hacernos una composición de la situación, aunque siempre hay quien transgreda las convenciones.

Lo que no podemos pretender es eliminar la función puramente evolutiva del vestido que ya hemos señalado. Por eso todas las propuestas actuales que rompen con las normas de distinción sexual y de estatus pueden tener éxito siempre que no eliminen el vestido en sí como protección cuando hace falta. Las transformaciones a que nos referimos son claramente humanizadoras. Podemos incluir, por descontado, el nudismo y el naturismo, siempre que por este procedimiento no queramos “humanizar” a los esquimales o a los lapones.

grupo de nudistas vestidos y desnudos

Los nudistas no rechazamos la ropa lo que rechazamos es el ser obligados a usarla cuando ni hace falta ni nos apetece.

El siglo XX ha sido rico en movimientos liberadores y matizadores (no de “eliminación”) de las desigualdades. El movimiento feminista es una de las formas de humanización que se han puesto en marcha esos últimos años. Acompañándolo, ha estado la liberación en las formas de vestir. Coco Chanel se hizo famosa al introducir vestidos típicamente masculinos para mujeres en la moda de las clases altas. El vestido de chaqueta y pantalón fue toda una revolución femenina, aunque no cambiara ninguna estructura social, tan solo la carcasa.

En general, sin embargo, el vestido si que ha creado revoluciones reales en el campo de la liberación femenina y en general, de las relaciones sexuales. La socialización del baño en el mar durante la segunda mitad del siglo XX comporto una modificación de la forma de vestir con la introducción de formas más populares y menos clásicas. El bikini, primero el top-less, después, humanizaron las playas, equiparando la indumentaria de la mujer a la del hombre. La reacción fue, evidentemente, el mantenimiento de playas y zonas privadas para quien no se quería mezclar.

En ese sentido, las propuestas nudistas y naturistas, en contra de lo que se pueda pensar, lo que han hecho es recuperar el vestido, eso si, en su sentido mas básico y evolutivo.

El vestido es un invento que nos permite sobrevivir en climas extremos. Por lo tanto, es absolutamente accesorio he innecesario mantenerlo en situaciones en que no nos puede ser útil.

Lo que ha pasado en el mundo de las mujeres tiene paralelos en el de los hombres. También hay transformaciones que tienden a una fullidad en las formas de vestir entre las cuales queremos remarcar una que nos afecta directamente. Era común en nuestro país durante los años cincuenta y sesenta vestir a los chicos y jóvenes con pantalón corto, para indicar así su edad. Ahora solo quedan restos en escuelas demasiado tradicionalistas. Hay que tener también presente la otra cara de la moneda. Era mal visto y criticado que hombres adultos se vistieran con esa misma pieza de ropa. Nosotros la llevamos cotidianamente durante el caluroso y muchas veces húmedo verano. Ahora esta practica ya esta muy extendida, pero cuando uno de nosotros lo introdujo por primera vez en el ambiente universitario fue motivo de burla y crítica por que era inconcebible que en una entidad tan seria e ilustre pudieran haber profesores que vistiésemos de una manera tan inadecuada. La universidad también ha de ser una institución fullizada, humanizada.

La humanización en el vestido es de las más marcadas he importantes por que también es, como hemos repasado muy ligeramente, de las que indican y ayudan a mantener más claramente las jerarquías y desigualdades.

Tenemos que arrinconar en la historia las imposiciones imperialistas de la moral judeocristiana que, además de hacer creer a medio mundo en su Dios, impuso la vestimenta a poblaciones que nunca los habían usado. Lo hicieron en nombre de una pretendida civilización que aún no había sabido ver que el vestido es históricamente funcional. No lo habían descubierto por que la ciencia aún no era una actividad social y el orden se basaba únicamente en la moral y sus ideales de desigualdad. Recordemos lo que decíamos respecto a otras intervenciones que han reforzado históricamente las jerarquías como el enterramiento y el fuego. Estas últimas son formas humanas, pero las jerarquías no lo son. En este campo, la creación humana ha sido matizarlas y superarlas parcialmente. La meta definitiva, por supuesto, será la eliminación de las formas fulles de organización. Será una creación totalmente nueva en la naturaleza y en la historia humana.

Podemos ver que la humanización ha de ser paralela en muchos campos: en el intelectual, en la organización y en el vestido. Entre otras. Ahora que la ciencia ya es una actividad social, no podemos caer en esquemas de épocas pasadas y mantener, de una manera oscura, ni la diferenciación ni el imperialismo en las costumbres. La humanización pasa por aquí.

 

Fuente: Libro “Aún no somos humanos” de Eudald Carbonell y Robert Sala. Traducido por Joan B. Franch.

homo antecesor

Homo Antecesor

Los autores

Eudald Carbonell i Rouraes un arqueólogo, antropólogo y paleontólogo catalán, desde 1991 es codirector de la escavación de Atapuerca (Burgos), a partir del año 1999, ocupa la cátedra de Prehistoria de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona y actualmente es Investigador principal del Grupo de Autoecología Humana del Cuaternario de esta universidad y Director del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES). Podemos seguir sus escritos en su blog Sapiens.

Robert Sala es profesor titular del Àrea de Prehistoria de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona e investigador del IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social) y ha trabajado en las escavaciones de Atapuerca y Orce.

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